Un cuento de Isabelita a Paulo Coelho
Un Viejo árabe analfabeto oraba con tanto fervor todas las noches que el rico jefe de una gran caravana decidió llamarlo
-¿Porqué oras con tanta fe? ¿Cómo sabes que Dios existe, cuando ni siquiera sabes leer?
-Si que sé leer, sí señor. Leo todo lo que el Gran Padre Celestial Escribe.
-¿Cómo así?
El humilde siervo explicó:
-Cuando usted recibe una carta de una persona ausente, ¿cómo reconoce quien la escribió?’
-Por la letra.
-¿Cuándo usted recibe una joya, ¿cómo sabe quién la hizó?
-Por la marca de los orfebres.
-Cuándo oye pasos de animales, alrededor de la tienda, ¿cómo sabe si fue un carnero, un caballo o un buey?
-Por las huellas –respondió el jefe, sorprendido con aquel cuestionario.
El viejo creyente le pidió que saliera de la tienda y le mostró el cielo.
-Señor, aquellas cosas escritas allí arriba, este desierto aquí abajo, nada de eso puede haber sido dibujado o escrito por las manos de los hombres.
Para mi en lo personal, son las Pinceladas de Dios que nos regala cada mañana, o las señales divinas cuando andamos buscando el rumbo o la simple fijación celestial al contemplar las bellezas que nos son puestas para ser admiradas y darnos cuenta de lo pequeñitos que somos y los grandemente afortunados.
Laura Cevada
9-10-2012

me gustan Laura, felicidades! sigue adelante
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