Recordando los tiempos de infancia a propósito del
día del niño que se acerca, entre mis recuerdos vienen a la mente al escuchar las carcajadas mis hijos, los tiempos de risa de mi infancia, al jugar con los amigos, al ver un capítulo del
chavo del ocho, al escuchar los chistes. Me queda claro que Reír
a ligera los días y alarga la vida. Y es
que el
buen humor hace que los agravios se hagan menos. Saber sacar de todo
algo positivo, es síntoma de buena salud anímica y de poseer armonía interna, algo
que se logra proyectar al entorno.
A
veces se pude tener buen humor y no
tener la gracia para contar chistes, ni desayunando payaso se nos da el don de ser graciosos pero se nos da el de reírnos hasta de las mas
pequeñas tonterías, y es que a nadie nos debería faltar el buen humor.
Los
italianos dicen: “Cuando el cuerpo está bien, el alma baila”. Y es verdad: en
la vida hace falta cantar, bailar,
reír, etc. No todos somos Chayanne o Shakira, pero mover el cuerpecito
al ritmo de un buen son y tararear aunque sea desafinado nos alimenta el espíritu.
El
buen humor no tiene nada que ver con la burla, ni la ironía, ni el cinismo. El
buen humor es eso, “bueno”; nace de una persona buena, y hace bien.
De
verdad que a veces nos tomarnos tan en serio que ni es tan bueno. Saber reírme
de mi misma es poder aceptar que podemos ser motivo de buen humor para alguien
más. Vamos por ahí cometiendo tantas burradas (con perdón de los burros), y
decimos tantas tonterías en la vida, que, la verdad, no es para ponerse así,
hacer el ridículo de vez en vez también nos pone en perspectiva y nos lleva a
ser mejores.
No
por nada se ha instituido la RISA-TERAPIA como sanadora para graves males, y si
bien no los cura todos si mejora
la calidad de vida, seamos participes de la alegría de vivir y hagamos
que la de los demás sea más alegre, divertida y llevadera.
A REÍR Y A GOZAR que un día la vida se nos acabará.
LCCR 26-04-12


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