viernes, 19 de abril de 2013

UNA INPRUDENCIA PRUDENTE

La felicidad, no es  la auscencia de problemas, ni estar  con la sonrisa en la boca de forma  permanente, la felicidad  no es  sentir algarabía  todo el tiempo.
Sentirse  felices  es  esa  sensación  de  dar gracias  por las bendiciones, de poder hacer lo que te gusta, de observar el cielo y disfrutar las pinceladas plasmadas, de sonreir con el corazón.
Claro que  hay problemas, stress, tristezas también  nada se conserva en un estado perfecto, fuimos  dotados  con la capacidad de aprender  para adaptarnos a la  vida  con facilidad  y sentir  plenitud  por los logros  llevados a cabo.


Como dice  el  buen dr. César Lozano, la gente se pasa  diciendo: cuando  pase esto  seré feliz,  cuando  acabe  mi carrera  seré feliz, cuando compré el carro o la casa de mis sueños voy a ser feliz,
cuando tenga novio, cuando me case, cuando  tenga hijos voy a ser feliz. Y yo me atreví a preguntarle  a quien me dijo eso mismo, cuando  le pregunté, si era feliz? A veces  doy  mi opinión aunque ésta  no me sea solicitada, inprudencia le llaman  algunos; y solo le dijé -Entonces  nunca  te has  sentido contento, agradecido, pleno?  Contento de  estudiar  lo que te gustaba, lo que escogiste? ¿De  haber  sido novio  de aquella chica que tanto te gustaba? acuérdate! cuando estabamos en secundaria. ¿De tener las oportunidades  que muchos  hubiesen  querido?

Y te pregunto  a ti, ¿eres  feliz?
Si ya sé, que se te murió  tu perro cuando tenías 10 años,  te cortaron por otro  cuando tenías 15,  que tuviste que dejar la escuela  y conseguirte un trabajo,  que te divorciaste, y también 
se que te han pasado  algunas  cosas  muy duras, sin embargo, haz notado que tu hijo  se pone feliz cada  vez que te  mira,  corre a  abrazarte  y se le ilumina la cara,  eres su ídolo;  o tal vez no percibiste  la cara  de orgullo de aquella abuelita a la que le cediste el taxi esa vez que fuimos al cine, casi estoy segura  que  no  fuiste consiente de lo realizado que te sentías  cuando  me platicaste  de la venta que cerraste el mes pasado, la cuenta aquella que te costo tantas vuletas con el calorón y hasta  tan lejos, pero que  al  fin fue  tuya.

Nos quejamos  tanto de lo que  tenemos y de lo que no tenemos,  de lo que  tenemos y muchas  veces ni lo saboreamos porque  queremos mas,  de lo que  tienen los otros  y  porque nosotros no, si tan solo  te permitieras  ver  y  agradecer lo que ya tienes  y que esto son las herramientas que  te llevarán  a llegar a donde  quieres  ir.

Solo  cuando  te atrevas a mirar  sin límite el horizonte  y observes  lo que sientes  dentro de ti,
esa cosquilla que  sube  por tus piernas, esa punzada  en el estómago, esa emoción que  te 
sube  a los  ojos.

Tu estrella  es tuya  y de nadie mas,  recuerdarlo siempre.

El tan solo  hecho de tu existir, que puede servir  para alguien o para algo  es motivo de felicidad.

Laura  Cevada

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