miércoles, 22 de febrero de 2012

Raíces Profundas

Hace años, yo fui vecino de un médico, cuyo "hobby" era plantar árboles en el enorme patio de su casa. Y con frecuencia veía desde mi ventana su esfuerzo por plantar árboles y más árboles, todos los días.

Lo que más llamaba mi atención, entre tanto, era el hecho de que él jamás regaba los brotes que plantaba. Pasé a notar, después de algún tiempo, que sus árboles estaban demorando mucho en crecer.

Un día resolví preguntarle si no tenía miedo de que las plantas no crecieran, puesto que nunca las regaba. Fue entonces cuando, con un aire orgulloso, me describió su fantástica teoría.



Me dijo que, si regaba sus plantas, las raíces se acomodarían en la superficie y quedarían siempre esperando por el agua fácil, que venía de encima. Al no regarlas, los árboles demorarían más para crecer, pero sus raíces tenderían a migrar hacia lo más profundo, en busca del agua y de los variados nutrientes que había en las capas más inferiores del suelo.



Así, según él, los árboles tendrían raíces profundas y serían más resistentes a las intemperies. Y agrego que frecuentemente daba unas palmadas en sus árboles, con un periódico doblado, para que las raíces se mantuvieran siempre despiertas y atentas.



Tiempo después fui a vivir a otro país, y nunca más volví a verlo. Cuando, años más tarde, regresé fui a echar una mirada a mi antigua residencia. Y al aproximarme, noté un bosque que no había antes. ¡¡ Mi antiguo vecino, había realizado su sueño !!.



Lo curioso es que aquel era un día de un viento muy fuerte y helado, en que los árboles de la calle estaban arqueados, como si no estuviesen resistiendo al rigor del invierno. Mientras que en el patio del médico, los árboles prácticamente no se movían, resistiendo firmemente el fuerte viento.



Y recordé... las adversidades por las que aquellos árboles habían pasado, parecía que realmente los había beneficiado de un modo que el confort y el tratamiento más fácil jamás lo habrían conseguido.



Todas las noches, antes de ir a acostarme, echo siempre una mirada a mis hijos. Observo atentamente sus camas y veo cómo han crecido. Frecuentemente rezo por ellos. En la mayoría de las veces, pido para que sus vidas sean fáciles, para que no sufran las dificultades y agresiones de éste mundo... Pero creo que es hora de cambiar mis ruegos.



Porque es inevitable que los vientos helados y fuertes tarde o temprano los alcancen. que encontrarán innumerables dificultades y que, por tanto, mis deseos de que las dificultades no ocurran, son ingenuos. Siempre habrá una tempestad en algún momento de sus vidas…



Por eso ahora rezaré para que mis hijos crezcan firmes en medio de los vendavales de la vida, pero antes haré lo que esté a mi alance para ayudarlos a crecer con raíces fuertes y profundas. Amor sí, mucho, pero nada de mimos excesivos. Y sobre todo firmeza en la formación de sus valores; porque son éstos los que le darán verdadera fortaleza a sus vidas. Ahora me convenzo: sin una disciplina, amorosa pero firme, crecerán como árboles sin raíces. Los valores serán las anclas que los aferren a la vida en el momento de las inevitables tormentas.


tomado de la web ...fuente desconocida

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